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Jesús Serna Quijada

A Jesús Serna Quijada no le interesa demasiado su vida, pero suele recordarse a sí mismo que su abuelo era analfabeto. Presume de mala letra y de peor conciencia. Aunque podría ser falso lo que dice y lo que escribe y lo que mira. Lo que siente no, eso no admite discusión, pero se lo guarda para sí y para sus gatos.

En una reseña biográfica anterior alguien apuntaba que a Jesús Serna le fascina la imagen, la periferia de la imagen, su impureza; la escritura como juego de espejos, como reescritura; el laberinto. También informaba que durante algún tiempo viajó y que los sucesivos viajes terminaron de moldear su pensamiento.

Como evidencias inasibles: Girasoles en Venecia (2013) y Velódromo (2017), el díptico astillado que revela su versión del mundo; y Lo que queda (2017), su primer largometraje.

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Todas las obras de Jesús Serna Quijada

Hermana, el corazón no me cabe en el pecho

Hermana, el corazón no me cabe en el pecho

Hermana, el corazón no me cabe en el pecho contiene cuatro obritas de teatro de argumentos juguetones: tres dentistas pugnan por robarles las sonrisas a los niños; dos hermanas vampiresas se debaten entre comerse o no a los huéspedes de su pensión; unos mercaderes intentan liquidar a unos fantasmas para recuperar la clientela; una novia busca al ladrón que le ha robado el vestido justo el día de su boda. Comedias alborotadas para jugar a ser quien no se es y disfrutar interpretándolas sobre el escenario o en el patio de cualquier castillo.

Velódromo

Velódromo

También se hospedan en él relatos que apelan a la memoria sucinta de las palabras, y unas tenazas para exhumar lo que queda de ellas. La copia de la copia de la copia de la copia de Jane Fonda busca a su original en otra de las narraciones. Y una mosca luce su vuelo en filigrana sobre una página deshabitada.

Girasoles en Venecia

Girasoles en Venecia

Es un mosaico de letras fulgurantes. Sus relatos, disímiles teselas, esbozan una obra literaria que no se ajusta a moldes o esquemas. Su mirada caleidoscópica invita al retorno, a surcar sus palabras e intuir sus silencios. Cada lectura supone un viaje que revela nuevos matices, efectos y formas.
El lector no quedará indiferente ante este espejo de ojos sin sueño.