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Cómo asombrar en las primeras palabras

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En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme… es un comienzo grabado en la mente de muchas personas, conocido por aquellas que no han leído el libro, e incluso por quienes no les interesa la literatura.

Este comienzo se ha parodiado, copiado y adaptado en multitud de disciplinas, pasando a formar parte del imaginario colectivo. 

Como el cebo en una caña de pescar, el inicio es el anzuelo que asegura que el lector no abandone la lectura en las primeras páginas, sino que se sumerja de lleno en la historia, se identifique con los personajes y se implique en la trama.

El inicio enmarca el resto de la obra, como una primera impresión. La sensación que provoca en la persona que lo lee es irremplazable, y marca su actitud ante la obra desde las primeras páginas.

Como el archiconocido Quijote, en la literatura universal encontramos diversas obras cuyo inicio no ha dejado indiferente a nadie.

A continuación, compartimos contigo varios comienzos y desgranamos las técnicas empleadas. Seguro que te ayuda en tu propia escritura. ¡Comenzamos!

Ana Karernina, León Tolstói

Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera.

Tolstói abre su libro utilizando una frase universal, de forma lapidaria, que no deja lugar a contestación. Utilizando palabras como «todas y cada», traspasa la página, la ficción, y se convierte en una afirmación que afecta a la realidad del lector. Un inicio abrupto, claro y conciso.

Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

El escritor colombiano eligió para su obra cumbre un comienzo de gran multidimensionalidad empleando diversos tipos de pasados, así como aunando dos acciones pasadas, ocurridas con varios años de diferencia.

Una frase compleja, con comas, que vaticina el viaje en el tiempo que supondrá la novela que el lector acaba de empezar. También, presenta dos de los personajes principales y da pistas sobre el lugar donde se desarrolla la acción. Este es un inicio muy rico, donde el autor hace gala de su gran capacidad narrativa y del dominio del lenguaje.

El extranjero, Albert Camus

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias». Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.

La pequeña novela da comienzo con palabras confusas, frases cortas y un gran desconcierto para el lector. Camus es directo, rápido, conciso: muestra al personaje principal desnudo, totalmente expuesto para que el lector lo descubra en las primeras líneas. El protagonista muestra la confusión e impulsividad que lo caracteriza y que marcará las acciones desencadenadas en la obra. Este es un inicio que muestra el tono reinante en la obra.

La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.

Es una oración sencilla, corta, alejada de cualquier vocabulario barroco y estructuras rocambolescas. Palabras tajantes, aptas para todo tipo de lectores. El escritor gallego inicia abriendo una puerta al lector, apelándolo directamente como señor y plantando en él la curiosidad de lo que pasará. ¿Cuáles son esos motivos? ¿Qué ha hecho el personaje principal para considerarse malo? Para responder a esta pregunta, el lector no tiene otra opción que continuar leyendo.

Un buen comienzo es crucial para que el lector se interese en la obra, y no lo abandone en su mesita tras leer dos páginas. Para escribir un buen inicio, y que también sea efectivo, es necesario que como escritor te preguntes: ¿qué reacción quiero causar en el lector? ¿qué actitud quiero que el lector tenga ante mi obra?

Tu respuesta definirá el tipo de inicio.

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